Aquel día bajo la nieve me enamoré de ti; de tu forma de mirarme y sin decir un palabra contarme toda tu historia; de tus tés de frutos del bosque por las noches; de tu manera de dormir casi como sin respirar; de ti por completo.
Aún escucho tu risa cada mañana al despertarme, y tu música aún resuena en mi habitación, volvéndome loca.
Y me pregunto una y otra vez: ¿y si?,
y simpre me quedo sin respuesta, perdida, mientras los meses pasan y tu recuerdo se confunde con un sueño del que no logro despertarme.
Serás un viejo encantador. Puedo imaginarte sentado en tu sillón, fumando, al lado de la ventana.